
Había reservado un hotel con spa el último día, para darme un capricho, pero he decidio anticparme, venir hoy, y darme dos...
Escribo con los pies en el agua, sentada al borde de la piscina zen (de madera), en la azotea del hotel. De frente tengo la play)a y de espaldas el parque de Doñana. Sí hay que atravesar parte del parque para llegar aquí, y sí, se me ha ido un poco de las manos el capricho.
Al llegar una señora tenñida de rubio y muy amable me ha enseñado las instalaciones (que qué es lo que tienen? que tienen de tó) y mi habitación (con jacuzzi, balcón privado mirando al mar) sin dejar de sonreír un segundo. A mi se me debe notar que soy más de pueblo que las amapolas y que no frecuento este tipo de hoteles, porque aunque lo intentaba, no he conseguido dejar de decir qué chulo, ni poner cara de impresión cada vez que abría una puerta.
Esto es el paraíso....
Y como sin tetas no hay paraíso, sigo con el top less. Llevo todo el día en la playa con las lolas sueltas (ya no quieren oír hablar de sujetadores), andando y leyendo. Antes de venir la que no le gusta el queso, asesorada por la chica loba, me regaló un libro : Ingeniería emocional. Lo escribe, Ramón A. Calle, según su página web "es pionero de la enseñanza del yoga en España, el más importante escritor orientalista de este pais y uno de los más importantes de toda Europa. Ha estudiado en profundidad los efectos terapeuticos de las psicologias orientales y de los aportes de la meditación al psicoanálisis, la psicoterapia y la neurociencia".
Esta siendo duro descubrir que no estoy pasando una mala racha, lo que me pasa es que:
1. He crecido sin desarollar correctamente mis emociones.
2. No soy madura....y estoy lejos de serlo (las canas las da la edad, no la madurez)
3. Me falta equilibrio. Al principio del libro enumera los signos de ausencia de equilibrio, vistos por encima algunos tengo, pero cuando explica en qué consisten...los tengo casi todos, incluso algunos que son contradcitorios entre ellos. Nunca me hubiera imaginado que por padecer, padezco hasta de ofuscación.
Según avanzan las páginas voy enganchándome más a este libro, me aptecería saber más sobre meditación y yoga. En resumen, prácticamente se soluciona todo con autoconocimiento y autoevaluaación. Logrando el desapego material y emocional. El apego más dañino es el que se tiene a las ideas que para ser defendidas, sacan lo peor de nosotros. Hay que evitar confundir momentos puntuales de felicidad con haber conseguido tranquilidad. Eso me pasó a mi con Italia, pensé que por diez días en lo más alto (claro, en plenos Dolomas) podía marcar una raya e el suelo. No es así, es un trabajo constanste y duro. Un camino muy largo, que sólo se recorre paso a paso.

Ahora, para no perder las fuerzas en este duro caminar, me voy a pintar, vestir con mis mejores galas (que son las peores de aquí) y salir a cenar como una reina. Esto no lo comenta el libro, pero Buda que estaba redondito, seguro que haría exactamente lo mismo (pero sin pintalabios, toque de rimel, etc...)

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