Primero fueron Astérix y Obélix, Tintín y Milú... después llegaron Los Hermanos Dalton, más tarde D´Artacan y los Mosqueperros, después Los Cinco... y ahora llegan ¡¡Los Chonis!!

jueves, 30 de agosto de 2007

Canción de la Mama

Con 100 caballos en marcha,
papeles, ropa y botellas;
blanco de polvo rueda,
un Ibiza: Paquirrín

Bajel la Panto que llaman,
razones obvias, "tobillos"
(por todos es conocido,
posee gemelos sin fin)

Las obras de la M-30,
y las multas de aparcamiento,
no impiden tu movimiento.
(no viene a cuento: parrús)

Y ve al volante su Mama
cantando por sevillanas,
Parla a un lado, al otro Villata
Y allá a su frente Parquesur.

Circula Paquito mío
sin temor,
que ni pitostio jodío,
ni columna, ni farola,
tu pintura y chapa abolla,
ni te destroza un farol.

10000 km hemos hecho,
sin pasar por el taller,
y se ha rendido el embrague
quemándose antes de ayer

Que es mi Paco, mi tesoro,
que me lo intenten robar....
tengo un padre carnicero
con la navaja afilá.

Allá voy...!!!!

Siempre me resulta muy complicado recomendar libros, así que no sé muy bien cómo me he metido en este lío de hacer un blog en el que mi aportación principal va a ser básicamente esa, pero así ha sido, así que ya sólo me queda tirarme a la piscina y ver qué tal me sienta.

Voy a empezar con un libro bastante reciente y, creo, no muy conocido. Se titula “El curioso incidente del perro a medianoche”, de Mark Haddon.
Para empezar se podría decir que es un libro distinto, original. Es de esos libros que cuando lo empiezas te atrapa de tal forma que, a lo largo del día, te sorprendes a ti mismo pensando en él y deseando poder tenerlo en las manos para continuar la lectura donde la habías dejado. En cualquier caso, esa sensación no dura mucho, porque es un libro fácil de leer y se termina enseguida.

Además es divertido, te lleva con una sonrisa desde la primera página hasta la última, pero no por ello trivial, sino que te permite reflexionar sobre muchos aspectos de la vida. Te muestra una manera distinta de ver el mundo.

No quiero contar aquí nada sobre el argumento. Creo que es mejor no saber nada de él hasta que lo empieces a leer, así conseguirá sorprenderte aún más.

Me encantaría que cualquiera que se haya leído el libro y vea este blog, haga su comentario al respecto, incluso si es negativo, que siempre vienen bien las discusiones, para poder conocer distintos puntos de vista.

Pues nada más. Este es mi estreno como blogista (¿se dirá así?).

Besines.

martes, 28 de agosto de 2007

Trigal con cuervos

Vincent van Gogh pintó este lienzo, "Trigal con cuervos", en Auvers-sur-Oise, en julio de 1980, poco antes de quitarse la vida. Antes de hacerlo Van Gogh estuvo internado en un hospital de Arlés y en un asilo para enfermos mentales de Sant-Rémy, tras sufrir una grave crisis nerviosa y cortarse una oreja durante una fuerte discusión con su amigo, el pintor Paul Gauguin.

El cuadro “Trigal con cuervos” nos invita a reflexionar, así que antes de continuar leyendo se debe contemplar, por lo menos, unos minutos…

¿Listos para comentar lo que hemos observado? Lo primero que habrá llamado nuestra atención son los colores. El intenso amarillo del trigo subyace bajo un cielo azul iluminado que en la parte superior del cuadro se tiñe de negro. Los colores están separados por la línea del horizonte, es decir, el azul quedará en un recinto superior mientras que vibrantes amarillos ocuparán el espacio inferior del cuadro. Sólo existe una mezcla del azul y el amarillo, el verde del camino, que tiene un tono menos intenso que los otros colores.

Pensemos cómo hubiésemos pintado nosotros un cuadro sobre el mismo motivo. Para empezar, seguramente habríamos escogido otra situación, probablemente sería de día, e intuitivamente emplearíamos unos colores más suaves. Incluso si hubiésemos pintado un trigal de noche no usaríamos ese tono de amarillo, pues de noche lo veríamos más oscuro. Van Gogh ha escogido este difícil contraste de color causando un profundo desasosiego al observador que hace pensar en un pintor atormentado. Las pinceladas aisladas que segregan el color crean un conjunto que deberá verse a cierta distancia del cuadro y formarán una impresión desapacible para el espectador.

Van Gogh dejó como legado más de setecientas cartas enviadas a su hermano Thèo, el que fuera también su marchante. En una de estas cartas, Van Gogh describe algunos de sus últimos cuadros: “Son vastos trigales bajo de atormentados cielos, y no necesito salirme de mi camino para intentar expresar tristeza y extrema soledad. Espero que los veas pronto, porque espero llevártelos a París tan pronto como me sea posible, ya que casi creo que estos lienzos te dirán lo que no puedo decir en palabras: la salud y las fuerzas tonificantes que veo en el campo”. Aunque probablemente esta carta no hace referencia a este cuadro en concreto, sí lo hace a esta época de su vida y a los motivos que pintaba entonces. En el escrito reconoce su tristeza y su soledad, y paradójicamente las compara con las fuerzas de la naturaleza. Relacionando esta confesión con el cuadro “Trigal con cuervos” veremos que éste no muestra una noche triste y melancólica sino una situación inquietante, llena de fuerza. Por lo tanto, el cuadro no expresaría su tristeza sino su turbación.

Al reparar en el camino nos damos cuenta de que la pintura sitúa al observador sobre él y que invita a decidir que hacer, ¿continuar su recorrido hacia el horizonte?, ¿volver por donde hemos venido? No sabemos que encontraremos al final de su recorrido pero parece que es el camino que el pintor ha escogido para nosotros, ¿acaso vemos lo queda atrás? No es posible, el camino está pintado a partir del punto en el que se sitúa el espectador. No sabemos lo que encontraríamos al retroceder, incluso podría no haber camino. Obligados a recorrerlo vemos que nos conducirá hacia los cuervos. ¿Hacia donde vuelan los cuervos?, ¿hacia nosotros o bien se están alejando? No se ve claramente. Si se alejasen podríamos estar más tranquilos pero podría suceder que se dirigiesen hacia nosotros y nos diesen alcance. Esta incertidumbre nos devuelve a la misma emoción de turbación y de duda.

En una de sus cartas, el pintor escribe “las emociones son algo tan fuerte que se trabaja sin darse cuenta de ello”. Como conclusión entendemos que en este cuadro Van Gogh pintó su agonía cerca del final de su vida y nos deja una profunda emoción de dudas y tormentos que él mismo no pudo resolver
.

lunes, 27 de agosto de 2007

Bienvenidos

Bueno, pues hoy es buen día para arrancar, que por algo es lunes...
Así que... BIENVENIDOS HIJOS DEL ROCK AND ROLL!!!
Aquí están... ¡¡¡LOS CHONIS!!!

Nos presentamos, por orden de vejez y por instrumento:

Con el número 1 y en el bajo... ¡¡Chico Lobo y yo!!
Bajo ese nombre una persona de lo más interesante que habla sola por la calle... Bueno, dice que no habla sola, dice que habla a Chico Lobo, su fiel amigo... Como un cencerro, vamos... Pero esperemos que haga las delicias de los lectores. Aunque es tímida y le costará escribir. Ojalá al menos consigamos que escriba cartas a Chico Lobo desde este blog. Ojito que cuando se suelta, que ella es la auténtica Chica Loba.

Con el número 2 y en la batería... ¡¡Me gusta el queso aunque no lo confieso!!
Sí, la típica persona que boicotea cualquier ración de queso en los bares con la excusa de que no le gusta, pero que se lo devora cuando lo tiene a su lado. También está como un cencerro, aunque va más de cultureta. Por aquí dicen que hablará de arte, de cuadros, pintores y lo que le venga en gana. Eso sí, si hay una comida que de verdad detesta, ésas son las ancas de rana.

Con el número 3 y en el teclado... ¡La teleco que quería ser librera!!
También del estilo de Chico Lobo y yo, costará que escriba, pero seguro que a la larga se anima y os habla del mes morado y de lo que le apetezca. Pura fantasía y puros ideales. Si por ella fuera, los sueldos y las variables se pagarían en chuches y días morados. Quiere montar una librería-papelería con empleados indios y piruletas de regalo con cada compra. Le gustan los fotógrafos rusos.

Con el número 4 y con la flauta travesera... ¡¡Las navajas son pá mí sola!!
Nunca hagas una apuesta con ella. Tiene muy mal perder. Yo una vez me jugué unas navajas (sí, ¡vaya apuesta!), pretendiendo hacer piña con ella y que las pagara el que la perdiera pero para comérnoslas juntos, y tuve que anularla porque quería el plato para ella sola si era la ganadora. También adora a los rusos. Será la que más hable en este blog, tanto de cosas reales como de cosas de Pinto, y cruzo los dedos para que no haya que censurarla.

Con el número 5 y con las maracas... ¡¡El friki del universo!!
Ama los planetas, las estrellas y los satélites por encima de cualquier cosa terrenal. Seguidor acérrimo de Max Aub y de la Evolución de las Especies de Darwin, su capacidad de sorprender con nuevas aficiones no tiene límites. Y esperemos que las cuente aquí. Aún no ha salido de Las Ventas a hombros, pero algún día lo hará.

Y con el número 6 y con el triángulo... ¡¡No me hables que no te pillo esa frecuencia!!
Y es que me hago el sordo con tal de que la gente se ría, aunque si fuera verdad, ¿qué?, como dice mi abuelo: "Total, ¡para lo que hay que oir!". Amante de Madrid, de todo lo celta y de las patatas con cabrales (sí, a Me gusta el queso aunque no lo confieso le encantan... ¡Qué rápido nos váis conociendo!).