Ajeno a la Guerra de la Independencia, el pintor francés Jean Auguste Dominique Ingres pintaba en 1808 la espalda desnuda de una mujer que se disponía a tomar un baño.Ingres dedicó su vida a la pintura y al violín. Rafael fue el maestro del Renacimiento que inspiró a Ingres en la pintura.
Contemplemos ahora el lienzo y veamos lo que hemos observado.
Ingres creó un espacio de calma en un entorno armonioso. ¿Cómo lo consiguió? Si nos fijamos bien encontraremos al protagonista indiscutible del cuadro. La luz le ha robado este papel a la mujer. Pensemos de dónde podría provenir la luz. Parece que de un pequeño foco, podría ser un ventanuco alto situado a la izquierda de la mujer. La luminosidad del cuadro hace que dirijamos nuestra primera mirada a la espalda, zona a la que llega más luz, y que lo que se haya tras la cortina pase a un segundo plano.
Las pinceladas delicadas que la dibujan la espalda forman un volumen en el que no se adivinan los huesos. El contorno de los músculos tampoco se percibe. ¿Era éste el ideal de belleza femenina? Sin duda, lo sería. El cuerpo voluptuoso de una mujer se asociaría a buena salud y a delicadeza. Sin embargo, Ingres no pintaba las figuras perfectamente proporcionadas sino que la forma del cuerpo se debía adaptar a lo que él consideraba bello. Si nos fijamos otra vez veremos que el torso de la mujer es proporcionalmente más grueso que las piernas.
Fijémonos ahora en la bañera, ¿es un elemento importante? Volvamos al cuadro. Tapemos con la mano izquierda la cortina. ¿Se podría haber pintado así el cuadro? Seguramente sí. Quizás el motivo por el que el pintor incluye la bañera sea por los prejuicios de su época, que le obligaban a ambientar sus cuadros en baños o escenas míticas de manera que un contexto justificara el desnudo.
Veamos ahora las telas de la cortina o del paño que recoge el cabello de la mujer. Ingres acostumbraba a hacer bocetos de sus modelos desnudos y posteriormente los vestía en sus lienzos, habiendo estudiado la ropa anteriormente con gran detalle. Por lo tanto, este profundo estudio le permitía conocer perfectamente cómo pintar las telas.
La técnica del pintor es delicada y la gama de colores es continua. Los colores empiezan, cambian y acaban en un mismo objeto sin sobresaltos, es decir, no se ven las pinceladas, los colores se difuminan. Sin embargo, a pesar su obra exquisita, como en otras ocasiones con otros afamados pintores, el Salón Oficial de París no reconoció este trabajo.

6 comentarios:
No veo la bañera
Eso iba a decir... yo diría "La dormilona de ValpinÇon", yo sólo veo una cama.
Pinchad sobre la imagen para ampliarla. Se ven el grifo, el agua y un poquito de bañera abajo a la izquierda. ¿Lo véis ya?
Qué guay!
Este es uno de mis cuadros favoritos. Sencillo, pero genial.
Pues a mí me sigue gustando más el cuadro mortuorio de Metrópolis.
ESTE NO LO PONES EN EL SALÓN.
Sigo sin ver el grifo, pero si me lo imagino, el tñitulo del cuadro tiene más sentido
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